¿Es Dios más tolerante hoy?

Somos más prontos a imaginar un dios que es mas como nuestra cultura que un Dios que realmente es en verdad. Si no somos cuidadosos, nuestra cultura va a dar forma a nuestra manera de ver y entender a Dios.

Por ejemplo, el summum bonum –el bien más alto–de nuestra cultura es la llamada tolerancia. No es de sorprender que, a medida que nuestra cultura se vuelve mas tolerante y menos preocupada en cuanto al pecado, también lo haga el dios que ellos adoran.

Para apoyar la idea de que Dios se está volviendo mas tolerante, muchos apelan a la Biblia. Dicen “después de todo, Dios no está haciendo llover fuego y azufre como lo hizo en el Antiguo Testamento”. Afirman “Él no está convirtiendo personas en pilares de sal por desobedecer”. Es verdad que algo ha cambiado. Pero NO es Dios quién ha cambiado.

Hay una diferencia entre cómo Dios se relaciona con las personas en el Antiguo Testamento y cómo Dios se relaciona con las personas en el Nuevo Testamento, pero este cambio no es un cambio en su carácter. ¿Si Dios no ha cambiado, entonces qué ha cambiado? Permíteme explicarte, y para hacerlo quiero pasar un tiempo viendo un texto significativo en el libro de Hebreos, donde el autor hace un contraste en cómo Dios se relaciona con las personas de forma diferente bajo el viejo y nuevo pacto.

Dios se acerca a las personas de forma diferente

El autor de Hebreos comienza por describir el cómo Dios se relaciona con el pueblo de Israel bajo el Antiguo Pacto:

Ustedes no se han acercado a aquel monte que se podía tocar y que ardía en llamas, ni tampoco a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, ni al sonido de la trompeta, ni a la voz que hablaba, y que quienes la oyeron rogaban que no les hablara más porque no podían sobrellevar lo que se les ordenaba: «Incluso si una bestia toca el monte, será apedreada o atravesada con una lanza». Lo que se veía era tan terrible, qué Moisés dijo: «Estoy temblando de miedo».

– Hebreos 12:18-21

El autor le recuerda a los lectores que Dios, en el Antiguo Testamento, era inacercable. Para ilustrar este punto, el autor usa un evento histórico con el que todos los judíos estarían familiarizados: Moisés recibiendo los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí. Mira otra vez la descripción “ardía en llamas”, “oscuridad”, “tinieblas”, y una “tempestad“. Recuerda, esto no está describiendo el Infierno. Esto está describiendo la presencia de Dios.

Dios se reunió con Moisés en el Monte Sinaí. Pero el pueblo fue advertido de no tocar el Monte, de lo contrarío serían apedreados hasta morir. Dios le dio a Moisés instrucciones estrictas:

Tú debes poner un límite alrededor del pueblo y decirles que se abstengan de subir al monte. Ni siquiera deben tocar sus límites, porque cualquiera que toque el monte, morirá. Quien llegue a tocarlo, hombre o animal, será apedreado o traspasado por una flecha. No vivirá. Sólo podrán subir al monte cuando la trompeta dé un toque largo.»

– Éxodo 19:12-13

Todo el pueblo observaba los relámpagos y el monte que humeaba, y escuchaba el sonido de la bocina. Al ver esto, todos temblaban de miedo y se mantuvieron a distancia, 19 pero le dijeron a Moisés: «Si tú hablas con nosotros, te escucharemos; pero que no hable Dios con nosotros, porque tal vez moriremos.»

– Éxodo 20:18-19

¿Por qué aparece Dios de esta manera? ¿Por qué no aparecer como una figura como un abuelo como Gandalf? O, ¿por qué no aparecer como una mujer afroamericana corpulenta y sin prejuicios llamada “papá”? Te diré por qué. La mayoría de las personas, pasadas y presentes, piensan que cualquiera puede acercarse a Dios de cualquier manera. Creen que Dios siempre está amando y abrazando, nunca iracundo y juzgando.

Pero eso no es cierto. Dios aparece de esta manera, y Hebreos lo destaca para nosotros, para demostrar que Dios es una amenaza letal para cualquiera que se atreva a acercarse a Él a través de la ley o de las obras.

Permítame ponerlo de esta manera: Aparte del evangelio, no hay acceso a Dios.

Esto, por cierto, es la razón por la cual el Islam, el hinduismo, el budismo y la enseñanza de la Nueva Era no funcionan. Aquellos que abrazan estas religiones solo encontrarán un fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, miedo y terror. Si rechazas la gracia divina en Jesucristo, entonces no obtendrás más que la justa ira divina.

La aparición de Dios en el Monte Sinaí comunicó algo que todos podemos olvidar rápidamente: Dios es inaccesible en nuestros términos. Este relato está destinado a mostrar que Dios está distante, separado y fuera de los límites. Para las personas pecaminosas que confían en sus propios méritos, Dios siempre será una realidad aterradora. De hecho, nuestro texto dice: “Lo que se veía era tan terrible, que Moisés dijo: «Estoy temblando de miedo»” (Hebreos 12:21).

Afortunadamente, el autor de Hebreos no se detiene en el versículo 21. A continuación, contrasta esta inaccesibilidad con nuestro estado actual ante Dios.

Ustedes, por el contrario, se han acercado al monte de Sión, a la celestial Jerusalén, ciudad del Dios vivo, y a una incontable muchedumbre de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios, el Juez de todos, a los espíritus de los justos que han sido hechos perfectos, a Jesús, el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

– Hebreos 12:22-24

No hemos llegado al Monte Sinaí (v.18), donde Dios es distante e inaccesible. Más bien, hemos llegado al monte Sión (v.22), donde Dios está cerca y desea morar con su pueblo.

¿Cómo es esto posible? El versículo 24 responde a esta pregunta. Hemos venido “a Jesús, el mediador de un nuevo pacto, y a la sangre rociada que dice una palabra mejor que la sangre de Abel”. El autor de Hebreos dice que ya no estamos bajo el antiguo pacto. Estamos bajo un nuevo pacto.

Y no solo hemos venido a Jesús, el mediador de un nuevo pacto, sino que también hemos venido “a la sangre rociada que dice una palabra mejor que la sangre de Abel”.

¿Cómo habla la sangre de Jesús una palabra mejor que la sangre de Abel? Tanto Jesús como Abel fueron asesinados a manos de los impíos. Ambos murieron muertes que no merecían. Pero hubo una diferencia significativa. La sangre de Abel clamó por venganza, mientras que la sangre de Jesús pide perdón, expiación y perdón. Jesús hace toda la diferencia.

El Monte Sinaí es una imagen de acercarse a Dios cuando los pecados no están expiados. Monte Sión, por otro lado, es una imagen de acercarse a Dios a través de la sangre expiatoria de Cristo.

Dios es el mismo; El sacrificio de Jesús es la diferencia.

Dios juzga a las personas de forma diferente

Algunas personas se apresuran a señalar que vemos muchos juicios que se llevan a cabo en el Antiguo Testamento. Sin embargo, vemos muy pocos actos inmediatos de juicio en el Nuevo Testamento. Esta observación ha llevado a la gente a suponer falsamente que Dios ya no está en el negocio de juzgar.

Sin embargo, nuestro texto de Hebreos lo descarta:

Tengan cuidado de no desechar al que habla. Si no escaparon los que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si desechamos al que amonesta desde los cielos. En aquella ocasión, la voz de Dios sacudió la tierra, pero ahora ha prometido: «Una vez más sacudiré no sólo la tierra, sino también el cielo.» Y esta frase, «Una vez más», significa que las cosas movibles, es decir, las cosas hechas, serán removidas para que permanezcan las inconmovibles. Así que nosotros, que hemos recibido un reino inconmovible, debemos ser agradecidos y, con esa misma gratitud, servir a Dios y agradarle con temor y reverencia. Porque nuestro Dios es un fuego que todo lo consume.

– Hebreos 12:25-29

Este pasaje es claro. Así como ellos, el pueblo de Israel, no escaparon al juicio de Dios cuando lo rechazaron, nosotros tampoco escaparemos al juicio de Dios si lo rechazamos. Dios todavía está enojado, es un fuego consumidor. Y todavía juzga. Pero la forma en que juzga y cuando derrama su ira ha cambiado.

¿Cómo responde Dios a la maldad hoy? Dios rara vez juzga con un juicio inmediato y feroz. En cambio, juzga con juicio tardío, futuro.

Pablo le dice a la Iglesia en Roma: “Pero por la obstinación y dureza de tu corazón, vas acumulando ira contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio” (Romanos 2:5). En términos generales, mientras la ira de Dios en el Antiguo Testamento se derrama, su ira en el Nuevo Testamento se acumula. Para aquellos que se niegan a arrepentirse, la ira de Dios no puede ser esquivada. Simplemente se retrasa.

Se avecina un día futuro en el que Dios juzgará perfectamente a la humanidad por su maldad. De hecho, Pablo dice: “Por lo tanto, hagan morir en ustedes todo lo que sea terrenal: inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia. Eso es idolatría. Por cosas como éstas les sobreviene la ira de Dios a los desobedientes.”(Colosenses 3:5-6). Y aquellos que se vuelven a Dios, Jesús librará “de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:10).

No debemos confundir la paciencia de Dios hacia los pecadores con la tolerancia hacia el pecado. Dios todavía es juez. El no ha cambiado. Pero cómo Dios trata con el hombre pecador si ha cambiado. 

Gracias a Jesús, Dios se acerca a las personas de manera diferente. Por causa de Jesús, Dios juzga a las personas de manera diferente. El Dios en el Monte Sinaí es el mismo Dios en el Monte Sión. La ira de Dios no desapareció en el Nuevo Testamento. No solo se evaporó en el aire. No, podemos ser salvos porque la ira de Dios fue satisfecha. Para aquellos que ponen su fe en Cristo, la ira de Dios se derramó sobre Su Hijo en nuestro lugar (1 Juan 4:10; Isaías 52:5–6, 52:10).


Por Tim Barnett

Puedes leer el artículo original en Inglés aquí. Traducido y adaptado por Juan F. Mellado