¿Es Dios solamente una idea?

Algunas personas piensan que Dios es un “padre cósmico” imaginario, inventado para nuestra protección emocional, creado a nuestra imagen para darnos comodidad, un fantasma para llenar los espacios vacíos. Pero hay dos cosas erróneas con esta afirmación.

Recientemente alguien me sugirió que Dios no era una realidad, sino solamente una idea que reconfortaba mi mente, una muleta emocional, un pensamiento que yo quería que fuera realidad.

El filósofo alemán Ludwig Feuerbach fue el primero en sugerir que Dios no era nada más que una proyección psicológica. Para él, la religión era una neurosis universal. Sigmund Freud, Karl Marx, y Friedrich Nietzsche todos recogieron el mismo tema.

¿Es Dios solamente un “padrino mágico cósmico” imaginario inventado para proteger nuestros sentimientos?

Cualquier desafío puesto de esta manera está plagado de problemas. ¿Es justo simplemente descartar el teísmo porque la creencia en Dios cumple adecuadamente con necesidades emocionales? ¿Existe una conexión real entre nuestro estado mental psicológico y la veracidad de nuestras ideas?

La Falacia Genética

En primer lugar, esta salva se dispara en el objetivo equivocado. ¿Acaso tiene lógica que, ya que quiero que Dios exista, por lo tanto, Él no existe, ya que me consuela creer que Él se preocupa por mí, por lo tanto, no puede cuidarme? Esto es un ejemplo de mala lógica.

¿Acaso nuestro deseo de que algo sea verdad puede influir sobre lo que en realidad es verdad? No. Uno no puede refutar la existencia de Dios citando las ventajas emocionales de la creencia, como tampoco puedes demostrar que Dios existe solamente citando motivaciones emocionales para la negación. En pocas palabras, las motivaciones psicológicas nos dan más información sobre la persona que tiene las creencias, pero no nos dicen nada sobre la verdad de esas creencias.

Esta es una forma de lo que se conoce como razonamiento de falacia genética, es el descalificar una idea solamente por su origen.

No puedes refutar una idea mostrando —aunque sea correctamente — las razones psicológicas que una persona tenga para creer esa idea. ¿Por qué? Porque las motivaciones psicológicas no tienen nada que ver con el hecho de que esa creencia sea verdadera o falsa. La evidencia debe venir de otras fuentes.

Las personas muchas veces tienen todo tipo de motivaciones (a veces motivaciones incorrectas) para creer cosas que resultan ser verdaderas. Otros tienen motivaciones muy nobles para creer cosas que son falsas. El juzgar una creencia solamente por sus motivaciones o razones psicológicas no nos lleva a ninguna dirección.

Algunas personas dicen que los cristianos solo quieren tener una figura paterna. Yo les digo “Quizás si, quizás no, pero ¿qué tiene que ver con la pregunta de que si Dios existe o no?” El evaluar nuestra condición psicológica no nos va a llevar más cerca de saber si una creencia es en sí verdadera o falsa.

La pregunta inicial debería ser “¿Realmente Dios existe?”, la pregunta inicial no debería ser primero sobre cómo nos sentimos al respecto.

Razones, no deseos

Supongamos que yo hago notar el orden y el diseño aparentes presentes en nuestro universo, por ejemplo, y concluyo que un Ser inteligente es responsable por ello. ¿Cómo podrías refutarme? Solo hay una forma: abordar el mérito de las razones por sí mismas.

No hay ninguna diferencia en decir que uno ama esa idea porque se siente correcta, u odia esa idea porque siente ofensiva, o desechar esa idea simplemente porque uno tiene un sentimiento apasionado en contra de ella. Las razones no pueden ser ahuyentadas por sentimientos, motivaciones internas, o perspectivas apasionadas.

Si hay buenas razones para creer en Dios que no son dependientes de mi condición emocional, entonces el juzgar la creencia basado solamente por mi condición psicológica erra el blanco completamente. Uno nunca puede preguntar “¿Es Dios solamente una idea?” Y basar tu respuesta en motivaciones internas. Cualquier refutación debe darse hacia los argumentos, no hacia las emociones.

Intentar refutar la existencia de Dios debe ir más allá de solamente atacar las emociones o las motivaciones psicológicas de alguna persona que cree en Dios, al contrario, se deben presentar argumentos verdaderamente convincentes que ataquen los hechos sobre la existencia de Dios.

Inventando un no-Dios

Hay un segundo problema con el punto de vista que desecha a Dios porque las personas tienen razones emocionales para creer en Él. Vamos a poner la pregunta “¿Es Dios solamente una idea?” De lado por un momento. Como C.S. Lewis diría, vamos a “jugar el juego en el otro lado del campo”. ¿Es el ateísmo solamente una idea? ¿Es solamente una muleta emocional? ¿Es solo un pensamiento que yo quisiera que fuera realidad? El hacha corta hacia ambos lados.

Quizás los ateístas están rechazando a Dios porque ellos tuvieron malas relaciones con sus padres. En vez de inventar a Dios, ¿los ateos se han inventado un no-Dios? ¿Acaso se han inventado al ateísmo como una manera de escapar de las implicaciones de la existencia de Dios? Piensa en ello.

Personas de todas las culturas, desde las más primitivas hasta las más avanzadas, creen en Dios. Hay más que solo psicología aquí; hay una razón. Ellos no tienen que obligarse a creer, al contrario, creer es una conclusión natural si se observa el orden en el mundo, creer que Dios existe es una reacción natural y sin esfuerzo. Aún Helen Keller —ciega y sordomuda — sabía de Dios sin haber sido enseñada.

La mayoría de las personas cuando son dejadas a su propio criterio, ven más allá de los visible y consideran lo que puede explicar nuestra existencia. Aún los naturalistas ateos hablan de una “Madre Naturaleza”. ¿Por qué usarían esa frase? Ellos la usan porque saben que parece que hay alguien ahí afuera, conectando, ensamblando, organizando y diseñando.

El ateísmo, el no creer en Dios, es la verdadera anomalía — una respuesta que es no-natural, forzada, y artificial.

¿Por qué alguien negaría la existencia de Dios cuando hay evidencia que parece tan aparente? La motivación, yo creo, es obvia (y aquí es donde las motivaciones psicológicas tienen su lugar apropiado). Si podemos convencernos a nosotros mismos que Dios no existe, entonces Él no estará ahí conviccionandonos de nuestro estilo de vida los sábados en la noche ni alejándonos de la playa los domingos en la mañana. Cuando se trata de nuestras propias vidas, no nos gusta ser copilotos; queremos ser nosotros quienes lleven el timón sin medir ninguna consecuencia.

¿Dios a la imagen del hombre?

Tal vez hicimos un intercambio, algunos podrían sugerir. Al crear un dios que hace demandas, entregamos un poco de autonomía, pero recibimos propósito, significado y seguridad (o al menos la ilusión de ello) en el intercambio. Pero luego hay un problema diferente.

Si tuviéramos que inventar un dios, ¿cómo sería él? Si creáramos un dios de nuestra elección, ¿crearíamos un dios como el de la Biblia? Un dios formado por manos humanas reflejaría las sensibilidades humanas y las inclinaciones humanas. Pensaría y actuaría, más o menos, como nosotros.

Como nuestro invento, su moralidad reflejaría nuestros deseos. Cuando nos equivocábamos, él simplemente movería su cabeza en desaprobación pero después nos abarazaria como a niños y dejaría pasar por completo nuestras faltas. Ese dios diría: después de todo, nadie es perfecto. Y este es el tipo de dios que muchas religiones parecen producir. No es cristianismo, sin embargo.

Lo curioso del Dios de la Biblia es que Él es muy diferente a nosotros. Su sabiduría nos confunde; Su pureza nos asusta. Él hace exigencias morales que no podemos llegar a vivir, y luego amenaza con la retribución si no obedecemos. En lugar de estar a nuestro entera disposición, Él desafía nuestra manipulación. En su economía, los débiles y humildes prevalecen y los últimos se convierten en los primeros.

¿Es el Dios cristiano solo una idea? ¿Lo inventamos? ¿Lo inventaríamos? ¿Es Él el tipo de dios que crearíamos si nos dejan a nuestros propios deseos? ¿O será que hemos visto al Dios verdadero y hemos temblado, cerramos los ojos, escondimos nuestros rostros y le dimos la espalda?

– por Greg Koukl

Artículo original en Inglés en STR.org

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Greg KouklGreg Koukl es el fundador y presidente de Stand to Reason. Ha escrito numerosos libros, incluyendo “Tactics”, “Relativism”, y “The Story of Reality”. Es reconocido como uno de los pensadores, filósofos y Apologístas Cristianos más destacados en la actualidad.