¿Es la Eutanasia una buena opción?

El suicidio asistido, también conocido como Eutanasia, es un tema que ha cobrado mucha relevancia en las últimas décadas en la sociedad. Con la legalización del aborto, la legalización de la marihuana en algunos países, el activismo para la legalización o despenalización del suicidio asistido se ha incrementado. En las escuelas se presenta este dilema moral, ¿Qué hacer cuando un paciente con una enfermedad terminal está sufriendo y desea terminar con su vida? ¿Es un derecho humano? ¿Es un acto de dignidad el apoyar su petición? o acaso ¿hay más sobre este tema que sólo el dolor y el sufrimiento? Quiero decirte algo muy importante sobre el tema en este artículo: Hay mucho más al suicidio asistido que solo el sufrimiento físico.

Entendiendo la Eutanasia

Algo que también tenemos que considerar al hablar de eutanasia es que existe una diferencia (aunque muy menor) significativa, en el suicidio médicamente asistido es el paciente quién suministra la dosis del químico letal a sí mismo, en la eutanasia es alguien más (exterior al paciente) quien suministra la dosis letal. Habiendo aclarado lo anterior, la eutanasia comúnmente se define de la siguiente manera:

El suicidio médicamente asistido o eutanasia es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente desahuciado con la intención de evitar sufrimientos. El concepto está asociado a la muerte sin sufrimiento físico. La llamada eutanasiaactiva básicamente consigue la muerte del citado enfermo mediante el uso de fármacos que resultan letales; y la eutanasiapasiva, que es la que consiste en la consecución de la muerte de aquel mediante la suspensión tanto del tratamiento médico que tenía como de su alimentación por cualquier vía.

Los promotores de la eutanasia basan su posición en el llamado “derecho a morir dignamente”, el cual nos dice (de acuerdo a esta posición) que el paciente tiene el derecho de decidir cuándo terminar con su vida, si su enfermedad es incurable y si se encuentra sufriendo mucho dolor. Este es un argumento emocional muy poderoso que apela a nuestra misericordia y deber moral de ayudar a los demás: si el paciente realmente esta sufriendo, debemos de hacer todo lo posible por terminar con su sufrimiento. Este es el razonamiento detrás de la eutanasia, pero hay dos problemas que no podemos ignorar.

Cuando el derecho a morir se convierte en la obligación a morir

En su excelente artículo Right to die’ can become a ‘duty to die (El derecho a morir se puede convertir en la obligación a morir) escrito originalmente en inglés por Wesley Smith para The Telegraph, se nos comparte el siguiente caso:

 

 

Imagina que tienes cáncer de pulmón. El cáncer ha estado en remisión, pero las pruebas muestran que ha vuelto y es probable que ahora sea terminal. Aún así, hay algo de esperanza. La quimioterapia podría extender tu vida, si no salvarla. Tu solicitas comenzar el tratamiento. Pero pronto recibes noticias más devastadoras. Una carta del gobierno te informa que el costo de la quimioterapia se considera un gasto injustificado por el límitado tiempo adicional que te proporcionaría de vida. Sin embargo, el gobierno no deja de tener compasión. Se te informa que en cuánto estés listo, el gobierno con gusto pagará por tu suicidio asistido.

¿Crees que este es un escenario alarmista para asustarte y evitar apoyar la “muerte con dignidad”? Incorrecto. Eso es exactamente lo que sucedió el año pasado a dos pacientes con cáncer en Oregon, Estados Unidos, donde el suicidio asistido es legal.

Como en este ejemplo en Estados Unidos, en todos los estudios que se han hecho sobre la eutanasia hay un hecho recurrente que no podemos ignorar: en todos los lugares donde la eutanasia es legal, el derecho a morir se convierte en la obligación de morir (no importa si el paciente lo solicita voluntariamente o no).

También, un estudio publicado el año pasado en Journal of Internal Medicine, descubrió que los médicos en el estado de Oregon, Estados Unidos, escriben recetas letales para pacientes que no experimentan síntomas significativos de dolor o sufrimiento, y que la práctica de suicidio legal y médicamente asistido ha tenido muy poco que ver con la incapacidad de aliviar el dolor y el sufrimiento. Y si recordamos, esta afirmación sobre el sufrimiento es el principal punto de promoción para la legalización de la eutanasia.

En “The Report of the Dutch Governmental Committee on Euthanasia,” (El Reporte del Comité Holandés de Eutanasia) en Holanda, donde la eutanasia ha sido practicada desde 1990 y legalizada nacionalmente en 2002, dio como resultado que casi el 20% (19.4%) de las muertes del país eran producto de la eutanasia. Lo más escalofriante de este estudio fue el descubrimiento de que un 11.3% de un total 142,691 muertes en el país fueron por eutanasia involuntaria, donde el paciente es privado de su vida en contra de su voluntad.

En los cinco países del mundo donde actualmente es legal la eutanasia (y en los estados de Estados Unidos donde permiten el suicidio asistido) los pacientes que se encuentran en gran conmoción psicológica y emocional por su enfermedad (aún cuando no presentan síntomas de dolor físico) son presionados para tomar el camino del suicidio asistido en vez de opciones para tratamiento.

Al final de todo, la eutanasia es un tema religioso

Al final de todo, lo que nos llevará a apoyar o rechazar la idea de la eutanasia y el suicidio asistido dependerá de cuál es nuestra creencia sobre lo que sucede después de la muerte. La eutanasia es un tema religioso porque involucra el tener que reflexionar sobre la vida después de la muerte o lo que sea que creamos sobre esto. El creer que existe vida después de morir o el creer que todo termina cuando nuestro corazón deja de latir y que no hay más, ambas son creencias estrictamente religiosas (aún si crees que no hay nada después de morir).

Si creemos que realmente Dios no existe y no hay nada después de morir, entonces obviamente apoyaremos la eutanasia pensando que ésta terminará con el dolor y el sufrimiento físico y psicológico de la persona enferma. Sin embargo, como cristianos, nuestros ojos están abiertos a una realidad muy diferente con respecto a lo que sucede después de morir.

Como cristianos, la oposición hacia el suicidio asistido y la eutanasia se basa en dos factores: Primero, porque creemos que la vida es un regalo de Dios y le daremos cuentas a Él por cómo usamos nuestra vida. Por lo tanto, no tenemos la libertad de quitarnos la vida; no es nuestra decisión. Segundo, nuestra convicción sobre la vida después de la muerte es que existe el cielo y el infierno. Y debido a que existe la posibilidad de que la persona que se está quitando la vida a causa del sufrimiento provocado por su enfermedad, en lugar de terminar con su sufrimiento estaría pasando a un sufrimiento mucho mayor: la eterna separación de Dios, mejor conocido como el infierno.

Al final de cuentas la eutanasia es un tema religioso, y como cristianos no podemos apoyar el suicidio asistido o la eutanasia como una buena opción porque no podríamos estar siendo cómplices en el hecho de empujar a alguna persona a pasar de un sufrimiento temporal a un sufrimiento eterno. El hacer sería precisamente todo lo opuesto a presentar el evangelio, dónde en vez de llevar a alguien al sufrimiento eterno se le presenta la oportunidad de recibir el perdón de sus pecados y la vida eterna.

Los promotores de la eutanasia argumentan que se trata de una elección “Seguir sufriendo en vida, o dejar se sufrir en la muerte” porque ellos suponen que después de la muerte se deja de sufrir. Sin embargo, hay una tercera opción: Recibir el evangelio y entregar nuestra vida (por poca que sea) a Jesús, sufrir por un poco tiempo, y ser recibido en la eterna presencia de Dios después de la muerte, donde con toda seguridad (si Jesús en verdad resucitó) no habrá más dolor, ni llanto, ni enfermedad.

Por todas estas razones, la eutanasia NO es una buena opción.

– Juan F. Mellado