¿Nos llama Dios a la excelencia?

Quiero compartirles sobre algo que ha estado en mi corazón por mucho tiempo: nuestro deber de excelencia para Dios. En mi experiencia personal creo Dios ha hablado a mi vida en el tema de la excelencia y ha puesto un peso en mi corazón por entenderla y darle a Dios lo mejor de lo mejor.

Déjame responder la pregunta clara y honestamente: Dios Sí nos llama a la excelencia.

Y antes de proseguir dejame definir a qué me refiero por excelencia. La excelencia no es el perfeccionismo. Te lo dice alguien que ha batallado con el perfeccionismo por mucho tiempo. La excelencia nos lleva a intentar dar lo mejor que podamos a Dios con lo mejor que tengamos en las manos en ese momento.

El perfeccionismo secuestra nuestra habilidad de actuar y nos paraliza de hacer lo que Dios nos manda a hacer por el temor de no hacerlo perfectamente. El perfeccionismo proviene del ego: el querer obtener un resultado que jamás alcanzaremos sólo para satisfacer nuestro anhelo de perfección.

La excelencia por el contrario, nos lleva a actuar con astucia, creatividad, audacia, valentía, y a dar lo mejor de nosotros con lo que tengamos en nuestras manos. Esto me recuerda mucho a Moisés, el niño que fue rescatado del río, protegido por Dios, con el propósito de liberar a Su pueblo del yugo del faraón de Egipto. Moisés comprendió que Dios lo había elegido para este propósito… pero tomo una mala decisión que lo llevó a esperar por 40 años en el desierto.

Moisés quizás sentía que su tiempo se había ido, que el plan de Dios había sido estropeado por sus errores, y que quizás Dios usaría a alguien mas. Sin embargo Dios quería usarlo a él, no con un ejercito y un palacio, sino con lo que tenía en sus manos en ese momento. En Éxodo 4:1-2 nos dice:

 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No se te ha aparecido el SEÑOR. Y Dios dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.

¿Qué es lo que tienes en tus manos ahora? Dios puede actuar con lo que tienes. De hecho, Dios nos llama a actuar con lo que tenemos en nuestras manos hoy. Moisés tenía una vara, una vara de pastor, que seguramente le recordaba cómo es que había pasado de un palacio en Egipto, a pastorear ovejas en el desierto.

Quizás la vara le recordaba sus fallas, sus errores, y sus malas desiciones. Pero Dios iba a usar esa vara y a ese hombre, como a ningún otro hombre en todo el Antiguo Testamento. Quizás hoy no tengas una iglesia grande ni un ministerio prominente, no tengas una cámara profesional ni un equipo creativo que te apoye, quizás no tengas un buen salario ni un buen trabajo, quizás no tengas la influencia de miles de seguidores que otros líderes tienen, quizás puedes mencionar todas las carencias que hay en tu vida y que tu piensas que te impiden hacer lo mejor para Dios.

Sea cual sea tu caso, a Dios no le interesa lo que no tienes, le interesa lo que tienes en tus manos y con eso, Dios puede hacer grandes cosas. A través de ti. Si, escuchaste bien, con todas tus carencias, Dios puede (y quiere) hacer grandes cosas a través de ti.

Muchos responderíamos con un rotundo “¡Si!” lleno de fe cuando se nos pregunta si creemos que Dios puede hacer grandes cosas, pero si somos honestos la mayoría dudaríamos en responder con el mismo entusiasmo si se nos preguntara si creemos que Dios puede hacer grandes cosas a través de nosotros. Y es que tendemos a pensar que Dios solamente las hará a través de personas que son más perfectas que nosotros: que oran mas, que leen mas la Biblia, que son mas “espirituales”. Y creemos que Dios quiere hacer grandes cosas pero nos recortamos a nosotros fuera de la foto.

La verdadera excelencia es dar lo mejor, hacer lo mejor que puedas con lo que tienes, con un corazón para Dios. Y Dios quién ve todo lo que haces y todo lo que das, te irá proveyendo para subir el nivel de lo que tu puedas hacer y dar. Pero la excelencia no depende de lo que tienes, depende de lo que haces y el corazón con el que lo haces. Dios nos llama a la excelencia y nuestra alma anhela hacer las cosas con excelencia, y todos podemos alcanzarla con pasos de obediencia y un corazón dispuesto a entregar nuestro mejor esfuerzo con lo que tenemos en nuestras manos.

Nunca te desanimes. Nunca te rindas. Y verás las grandes cosas que Dios puede hacer a través de ti.

 

– Juan F. Mellado