Ven y muere

Meditando en las metas y los propósitos que me había planteado a comienzos del año pasado (2016), me di cuenta que comencé este año (2017) sin realmente lograr muchos de ellos. Siempre va a haber cosas que no podrás realizar, pero pensando en ellas me pregunté a mi mismo “¿Hay algo que hoy te lamentes que no hiciste o lograste el año pasado?” La respuesta a esa pregunta me abrumó.

Sí, si lo hay.

Hoy lamento no haber hecho más por Jesús, no haber gastado más en Su reino, no haber enseñado más a otros, no haberme sacrificado más por Su nombre y por Su causa. No haber derramado mi vida más por Él.

¿Tú no sientes lo mismo?

En respuesta a este gran sentimiento de insatisfacción, y de sentir que pude haber dado más, hoy propuse en mi corazón que este año no terminará con el mismo sentimiento. Y que haré lo posible, todo lo que esté en mi mano por hacer, para darle más de mí a Jesús. Más de mi tiempo, más de mis recurso, más de mí vida. Todo en mi vida, sin reservas.

¿Por qué? Porque vale la pena gastar tu vida por Él. Porque en Su camino y en sus pisadas encontramos verdadera vida y paz. Y porque solo en morir a nosotros y vivir en Jesús, encontramos el verdadero propósito de Dios al crearnos. El disfrutar de una relación eterna, viva y real con el Dios que nos amó tanto, que nos ha abierto las puertas del cielo por medio de Su Hijo.

Hechos 1:8 dice “ y recibiréis poder cuando haya descendido sobre ustedes el Espíritu Santo, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

En el texto original, la palabra poder es dunanis, que se traduce también como fuerza, habilidad, y es de donde obtenemos la palábra dinámico. Esta palabra implica movimiento.

Dios no nos ha dado su poder para guardarlo y dormirnos sobre el; Él nos lo ha dado para estar en movimiento y cumplir con el mandamiento que nos ha encomendado. “Vayan y hagan discipulos, bautizandolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñandoles a que practiquen todas las cosas que les he enseñado, y he aquí yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Amén” (Mat. 28:20).

No es un camino fácil, pero es en Jesús dónde nuestro verdadero gozo y paz son encontrados. Morir a nosotros es el costo de seguirlo a Él. Es el costo de entregar nuestras vidas por una mejor.

El Pastor y mártir Dietrich Bonhoeffer, en su libro El Costo del Discipulado escribió con mucho acierto: “Cuando Cristo llama a un hombre, él le ofrece ven y muere.” Y el que pierda la vida por causa de Jesús, entonces la encontrará.

Es tiempo de entrar en movimiento. Es tiempo de gastar toda nuestra vida por Jesús.

Es tiempo de cumplir nuestro supremo llamado a seguirle.

Es tiempo de morir a nosotros, y de vivir para Él.